Salímos al jardín trasero. Era como un sueño. Los árboles cubrían parte del cielo, el suelo estaba adoquinado de gris claro y un banco de color blanco estaba situado en el centro, al lado de una pequeña fuente. Era un paisaje idílico, determinado por unos muros de piedra.
Ella corrió hacia la fuente de agua clara. Se aseguró de que el agua era buena y se mojó la cara. Seguramente necesitaba descansar del agobio de la oscura casa. Yo me acerqué a ella.
- Es todo tan claro... - dije observando como se filtraba la luz entre la hojas.
- No pienso volver dentro - saltó ella tendiéndome las manos para que yo se las secara con su pañuelo -. Es todo tan agobiante... allí todo es triste... noto como esas personas lloran por dentro, aunque no abran la boca.
- Lo se... En cambio, aquí no hay nada... ¿te das cuenta?
Ella ladeó ligeramente la cabeza. Guardó el pañuelo en un bolsillo de su vestido lila.
- Tienes razón... no siento nada... en como... si no hubiera nada en este lugar.
- Es relajante - murmuré sentándome en el banco -. Pero a la vez es inquietante.
- No sé si prefiero estar aquí o ahí dentro...
miércoles, 31 de marzo de 2010
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